Por Pedro Tenorio
Estiu 1993 se traduce como Verano 1993. Una película española de habla catalana estrenada el año 2017, escrita y dirigida por Carla Simón, quien marcaba su prometedor debut en largometrajes con un drama que golpea fuerte sin necesidad de hacer mucho ruido.
Frida es una pequeña niña de seis años que acaba de perder a su madre. Sus tíos y su tierna prima Anna la reciben con los brazos abiertos, lejos de casa, lejos de la ciudad, lejos del resto de su familia.
La historia explora la adaptación de Frida a este nuevo entorno desconocido, al cual no parece pertenecer. La cinta recoge pequeñas situaciones cotidianas que van esclareciendo una misteriosa tensión que de a poco aparece en la superficie. Algo ocurre con Frida, pero nadie sabe bien qué es, ni siquiera ella. Su mundo cambia de golpe y debe aprender a procesarlo, mientras la familia también aprende de ella.
Verano 1993 aprovecha los elementos de un buen drama familiar y reconoce que en esta situación no se establecen buenos ni malos. Son todos personas que no estaban preparados para lo que se les venía e intentan construir sobre la marcha una solución o parche para una herida que no ha terminado de cicatrizar. Desde la escritura se reparten eficientemente los acontecimientos. La película se cocina a fuego lento respecto al desarrollo de sus conflictos, aunque es inevitable que, eventualmente salgan los celos, la intolerancia, los engaños y el egoísmo. No para juzgar, sino para proyectar eventos y emociones naturales propias de un entorno con dolor, pero con ganas de sanar.
Hay una puesta en escena naturalista que logra con creces que las cosas se sientan auténticas, por lo que el estado emocional que llevan los personajes crece con el espectador. En cierto punto, uno podría ir intuyendo cuál va a ser el final. Lo que de alguna manera es triste, pero gratificante, porque florecen emociones que llevaban tiempo reprimidas y ahí está la mayor virtud de haber llegado al final del verano.
El punto de vista está claro y se mantiene firme en todo momento. Las cosas se viven desde y en torno a Frida, la niña nueva, la que nunca acaba de encajar por su forma de ser, por sus condiciones, por los estigmas que arrastra de un pasado que desconoce. Por ahí va lo más destacable. En el momento en que más parece querer desvincularse de esto, de escapar, es atrapada con un fuerte abrazo.
No siempre hay un causa-efecto directo y a diferencia de otras narrativas más clásicas, esto es un punto a favor en la construcción de los personajes y sus relaciones. Se reconocen los matices de sus conflictos internos y que, finalmente, todos persiguen un objetivo similar que aprenden en conjunto a encaminar.
Basándose en sus propias vivencias, Carla Simón logró con esta película una interpretación del duelo personal y familiar sumamente creíble. Estiu 1993 trasciende como el relato de un proceso que muchas personas han tenido que atravesar sin haberlo pedirlo, lo que la vuelve una obra cercana, a ratos dolorosa, pero importante en su concepción y más aún en su ejecución.